Has subido salarios: el IPC para todos. Has aprobado un variable generoso relacionado con objetivos de departamento y de empresa, para todos por igual. Y, aun así, tu «estrella», la mejor programadora, se va a la competencia.
«No lo entiendo, si le pago más que a nadie». Eso me dijo un director de HR hace unas semanas.
El problema es que el talento de alto rendimiento no solo busca dinero; busca JUSTICIA. Según un estudio de Gartner, la percepción de equidad en el lugar de trabajo puede aumentar el rendimiento de los empleados en hasta un 26%. Por el contrario, Harvard Business Review advierte sobre el «impuesto al talento»: cuando los mejores asumen la carga de los mediocres cobrando lo mismo, se van o se vuelven mediocres ellos también, por lo que acabamos teniendo una empresa y una cultura mediocre.
Y ahí es cuando te das cuenta que la carrera profesional en tu empresa la están decidiendo «a dedo» dos jefes de la vieja escuela. Líderes que promocionan por amiguismo, por años de antigüedad o por etiquetas subjetivas que pusieron hace cinco años y que ahí se quedaron.
Y el problema no son estos dos jefes, el problema es que no existe otra manera de hacerlo. El problema es que no se le has enseñado a esos jefes a cómo hacerlo de forma objetiva, no conocen la MERITOCRACIA. O el problema es que no se le presta ni el tiempo ni la atención que merece en los comités de dirección. O que no hay procesos ni políticas para descubrir quienes son mejores y merece mayor reconocimiento; sólo existe el “café para todos” con un 5% de diferencia.
Si no sabemos cómo seducir al talento para que se quede, el resultado será una empresa llena de mediocres. Nosotros te ayudamos a auditar el Riesgo de Fuga y a formar a los líderes para que los mejores sean los que empoderan la empresa y los mediocres se transformen y mejoren sus competencias.